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UN FANTASMA EN LA CASA DE VERDI
Un articulo de Alonso Ibarrola con fotos de Blanca Berlín para la revista Interviú.
Nunca se sabrá lo mucho que intervinieron la política y el azar a favor de Verdi. De eso se está hablando mucho en Italia. El grito de guerra de los nacionalistas italianos ante los dominadores austriacos fue "¡Viva Verdi!". Y cuando gritaban o escribían subrepticiamente en las paredes aquello significaba "¡Viva Vittorio Emmanuele, rey de Italia!".
Ahora, los nacionalistas de Umberto Bossi cantan Va pensiero, del Nabucco de Verdi, reivindicando la independencia de la Padania. ¡Si el maestro levantara la cabeza en su tumba de Milán!.
'LA TRAVIATA', EN CASA.
En Villa Sant´Agata, Verdi se dedicó a la jardinería y a mejorar la casa, ahora una magnífica mansión. Aquí escribió operas magistrales, como La Traviata. Pasaban los años, y al no tener descendencia, la Strepponi propuso a Verdi adoptar a una niña, hija de un primo, llamada Filomena. Verdi, que de los hijos de Giuseppina nunca quiso saber nada, había perdido su juventud, en el espacio de escasos años, a su primera mujer, Margarita
Barezzi, y a sus dos hijos. Giuseppina ya no podía darle descendencia y la solución fue Filomena, a la que luego llamaron simplemente María y terminó casándose con un hijo del notario Carrara. Así nació Alberto Carrara Verdi, que sería heredero de una gran fortuna, incluidos los derechos de autor de su abuelo, que duraron 90 años. Tras el hijo, el nieto, el biznieto y ahora el tataranieto, también notario, también Alberto y que también vive, ya 77 años, en Sant´Agata. Lo conocí en 1984, con motivo del éxito de
la serie televisiva 'Verdi', rodada parcialmente en la mansión. Pude acceder a la casa de Verdi, acompañado por Alberto Carrara Verdi, que en el invierno no vivía en la enorme mansión (Verdi tampoco: se iba a Génova). Solamente se abre seis meses al año. En aquella visita, el descendiente de Verdi me contó que veraneaba en Mallorca y llegué a la conclusión de que no le gustaba la ópera. Pude campar a mis anchas por toda la casa, y me pareció un sacrilegio que hubiera montado un Scalextric para sus tres hijos
en el salón junto a la mesa de billar en que jugaba el maestro con sus amigos. Salones fantasmales, con todo el mobiliario recubierto con fundas blancas. Me dejó un momento solo y yo me entretuve, en el piano de Verdi, en desgranar torpemente unas notas de La Traviata, las del brindis Libiamo...
¡Quién iba a decir que 16 años más tarde este piano me iba a proporcionar una de las mayores intrigas de mi existencia!, cuando nos dirigimos a Villa Sant´Agata, para fotografiar las habitaciones que en la actualidad se muestran al visitante. No estaba Alberto Carrara Verdi. De nuevo volví a contemplar el piano, el famoso piano, pero esta vez, bajo la atenta y vigilante mirada de Giovanna, responsable del museo, ni tan siquiera
me atreví a acercarme. Ambos contemplábamos a Blanca Berlín llevando a cabo su trabajo. Llovía intensamente fuera, y Blanca se mostró malhumorada por la ocasión fallida. Los jardines son maravillosos, pero en primavera. Tienen un estanque y una especie de búnker pétreo, donde Verdi almacenaba la nieve que después le era útil para servir bebidas frescas a sus invitados en pleno mes de agosto. Toda una mañana nos llevó la visita y la sesión fotográfica. Luego, de nuevo a Busseto y regreso a nuestro país.
UN REGALO INESPERADO.
La noche del 14 de noviembre de 1897 moría en Villa Sant´Agata Giuseppina Strepponi. Este detalle, afortunadamente, lo ignoraba Blanca Berlín cuando 103 años después, la noche del 14 de noviembre del 2000, se dedica, en la soledad de su estudio, a elegir las diapositivas más logradas obtenidas en Villa Sant´Agata para un reportaje que habría de titularse algo
así como La ruta de Verdi.
Con su cuentahilos, a las dos de la madrugada, en la soledad de su estudio fotográfico, escudriñó atentamente las seis diapositivas que había obtenido de la estancia con el piano de Verdi. Eran exactas. Bueno, no tan exactas. Al llegar a la tercera, observa una mano sobre el teclado. ¿De dónde surgía aquella mano?, se preguntó inquieta. En la siguiente no había nada, absolutamente nada. Vuelve a examinar las anteriores.
Nada. Sólo el piano y el teclado incólume. De repente, descubre algo más en esa tercera diapositiva.
La mano pertenece a una figura humana que surge en pie, que sonríe, y se difumina en la pared. Parece tener gafas. En sus 20 años de oficio, Blanca Berlín no había sentido la inquietud que sintió aquella noche. No puede resistir la soledad de su casa ni del estudio. Llama a su ayudante y me llama a mí. Acudimos. No hacemos más que comprobar lo mismo. ¿Quién es esa figura fantasmal que aparece en la fotografía?. Ninguno de los dos creemos en fantasmas ni en apariciones. ¿Es una broma? Blanca no está
para bromas. ¿Una sobreimpresión? Es preciso acudir al laboratorio donde usualmente revelan todos sus trabajos para que desvelen el misterio, si realmente lo hay. En el laboratorio casi se ofenden por dudar de su profesionalidad. ¿Qué hacer en estos casos?.
Asumiendo el peligro de caer en lo ridículo, me puse en contacto con Cosetta Allegri, de la Oficina de Turismo de Busseto, y le conté lo que ocurría con ese fantasma, aparición o sobreimpresión. Se interesó de inmediato y nos pidió alguna copia. De paso, quizás, para animarnos, me contó el extraño fenómeno que vivió en el año 1999 el famoso director de orquesta Carlo Maria Giulini, en el Teatro Verdi de Busseto. Lo visitaba y tuvo la curiosidad de asomarse a unos de los palcos tan coquetos y entrañables
del teatro que Verdi no quiso pisar jamás. Intentó abrir la puerta, pero no lo conseguía. Alguien desde su inetrior lo impedía. Forcejearon. Más tarde se abrió, y un viento gélido remvió el ambiente. No había nadie.
MISTERIOS EN FAMILIA.
Recibí una llamada de Cosetta Allegri. Habían visto la diapositiva y sus descendientes no podían identificar aquel rostro. Querían que algún especialista en hechos paranormales la examinara, pero de todos modos les causaba risa. Desde el aeropuerto de Barajas, Attilio Carrini, responsable y guardián de Palazzo Orlandi, la mansión situada en Busseto y en la que
vivieron Verdi y la Strepponi, me llamaba para que le mostrara la imagen del fantasma. Satisfice su coriosidad. La foto estaba obtenida exactamente el 31 de octubre, por la mañana. Días más tarde, la Villa Sant´Agata se cerró hasta el 14 de enero.
Vuelto a casa, repaso los libros sobre Verdi, las fotografías con personas que le acompañaron, los grabados y cuadros que cuelgan en sus diferentes moradas, en los museos, infructuosamente. Y cuando quiero razonar pensando que todo es una majadería, trato de olvidar las cosas que me contaban los bussetanos, allá en la Osteria Barata, tomando vino trebbiano. Les mencioné un libro que tengo en mi poder, publicado en 1981, en
Milán, por la famosa editorial Rizzoli, titulado Quel delitto in Casa Verdi. Me aconsejan no citar ni por asomo sicho libro en Villa Sant´Agata. Es un libro tabú en el que su autor, Maurizio Chierici, reconstruye aspectos de la vida de Verdi ignorados para muchos. Tras el mito, hay un ser humano a veces insoportable, egoísta, cicatero con sus trabajadores en el campo, y patriota a la fuerza. Un libro que suscitó un escándalo en su aparición y que volverá a serlo ahora. Y en él se cuenta que un nieto de Verdi,
Angiolo Carrara Verdi, mató accidentalmente a una sirvienta cuando limpiaba su escopeta de caza. Años más tarde se supo que estaba embarazada. ¿De quién? Nunca se supo. Pero el médico no hizo la autopsia.
También se habla en el libro de un muchacho que fue el primer novio de Filomena, pero Giuseppina y Verdi tenian otros planes con su hija adoptiva -¿realmente adoptada o era hija de Verdi?- y la casaron con el hijo del notario. Del muchacho se perdieron todas las trazas aunque algunos aseguran que vivió anónimamente en la región. Y se habló del "fantasma del joven desaparecido".
La escritora y periodista Gaja Servadio ha publicado una biografía de la Strepponi, titulada Traviata. Pudo existir una niña-fantasma, hija de Giuseppina Strepponi. Letendo una detallada biografía sobre Verdi la autora supo que una niña, identificada como Santa Strepponi, fue abandonada en el Hospital de Cremona el 14 de abril de 1851. Ese mismo año, en primavera, fue cuando Verdi y la Strepponi decidieron ir a vivir a Sant´Agata.
Según Gaja Servadio, era hija de Verdi. La Strepponi ya tenía el mal hábito de dejar a sus hijos abandonados. Lo hizo con Sinforosa, que murió en un manicomio en 1925. Adelina, nacida en Trieste en 1841, de padre desconocido, fue abandonada también. ¿Y Santa? ¿Era hija de Verdi? Se sabe que el maestro antes de morir quemó mucha correspondencia, y que todavía sus herederos conservan archivos que nadie ha podido investigar. Muchos desaparecidos, muchos misterios, muchos fantasmas. Uno de ellos nos saludó en la
casa de Verdi.
TRAS LA PISTA DEL ESPECTRO.
* El famoso jesuita José María Pilón analizó la foto con uno de sus más destacados colaboradores, Lorenzo Plaza, físico óptico del CSIC y experto en temas fotográficos. Su consejo fue muy razonable: "Vayan al laboratorio fotográfico que reveló la foto y pidan una investigación exhaustiva para descartar un posible accidente de revelado o una sobreimpresión".
* En los laboratorios Ascolor, de Madrid, que prestan sus servicios a destacados profesionales, la diapositiva en cuestión fue sometida durante tres horas al examen de un escáner de altisima resolución. Es impresionante -y muy inquietante- observar la imagen tan engrandecida. Se observan las arrugas de su pantalón, se descarta que tenga gafas, parece que viste una capa o esclavina. La mano no puede apreciarse al completo porque
parece cubrirla una especie de mitón. Sus dedos proyectan una sombra sobre el teclado, la misma que proyectan el resto de los objetos de la habitación. Se llevan a cabo en el laboratorio todas las pruebas para descartar una posible sobreimpresión, posible tanto en la cámara como en el proceso de revelado o por defecto de fabricación de la película. Nada de nada.
* Estudiamos con detenimiento las dos diapositivas para desechar una impresión previa o un accidente en el revelado por contacto con otro rollo. Se buscan rastros de velo, o sobreexposición, o de otras imágenes, en los contornos de la figura aparecida, que tendrían que haberse producido en caso de haber ocurrido una sobreimpresión, muy improbable al tratarse de un final de carrete en el que el resto de los fotogramas no tienen
interferencias. No hay nada que detale una superposición.
* Consideramos la posibilidad de que pudiera haberse cruzado alguien en la trayectoria de la cámara en el momento del disparo, realizado con trípode a una velocidad no inferior a 1/8 de segundo, pero constatamos en la imagen del escáner que la figura no presenta el más mínimo rastro de movimiento: si hubiera estado inmóvil, se habría impresionado con la misma nitidez y corporeidad que el propio piano. Por otra parte, ni Blanca
Berlín ni las otras tres personas presentes durante la sesión fotográfica vimos a nadie ni en ese momento ni en el resto del recorrido por la casa, que estaba cerrada al público. Tampoco reconocen en 'Villa Sant´Agata' ningún parecido con nadie de su entorno.
* Expertos en Verdi tratan de identificar, al personaje que aparece en la foto. Hay opiniones para todos los gustos. También entran en juego presuntos videntes. Uno cree ver "al cochero de Verdi". ¿Pero Verdi tenía cochero? Un apasionado verdiano reconoce en la foto a Ferdinando Provesi, el primer maestro del joven Verdi en la iglesia de Roncole. Otros creen ver a Napoleone Moriana, un tenor enemistado con Verdi;
otros identifican a Mariani, director de orquesta enamorado de Teresa Stolz, amante del maestro. Algunos dicen ver al barítono Varesi, o al suegro de Verdi, Antonio Barezzi. También podría ser el empresario Merelli, primer amante de Giuseppina.
* Dispuestos a dar con la clave de todo, el padre Pilón nos puso en contacto con uno de sus más valiosos expertos, Paloma Navarrete, clarividente. Quedó tan intrigada que terminó consultando su famosa bola de cristal. La conclusión era que pudiera tratarse de una "impregnación energética" de un amigo que visitaba mucho a Verdi en su casa, que vivía bastante cerca, y que un día desapareció tras una gran discusión con
el maestro.
Verdi hasta en la sopa. Y no es ninguna exageración. En Via Roma, la calle principal de Busseto -un pueblo situado a 75 kilómetros de Milán, en la región de Emilia- , intacta desde los tiempos del mítico compositor, las tiendas ofrecen a los fetichistas, admiradores, fans y entusiastas de la música verdiana todo tipo de productos: pasteles, camisetas, rosquillas, dulces, mecheros, botellas de licor, lámparas, casi todo rayando en el kitsch más absoluto. "Y aquí la peluquería a la que acudía
el maestro"; foto al peluquero. "Aquí la 'ostería' donde tomaba su vino", foto al mesonero. Ahí arriba, a las ventanas del Palazzo Orlandi, los busetanos se dedicaban a tirar piedras porque Verdi había traído al pueblo a una cualquiera, a una traviata, a Giuseppina Strepponi, cantante y madre soltera de dos hijos, sin haber pasado por la vicaría ni por el Registro Civil. Y como la vida en el pueblo de hacía insoportable, Verdi se compró una modesta finca en las afueras y se llevó allí a su Giuseppina,
con la que quince años más tarde se casaría, por lo civil, en un pueblo suizo, Coulenges-Sous-Saleve; todavía no existía eso que ahora llamamos Italia. Ignoraba él que iba a poner la música a tan importante alumbramiento.La noche del 14 de noviembre de 1897 moría en Villa Sant´Agata Giuseppina Strepponi. Este detalle, afortunadamente, lo ignoraba Blanca Berlín cuando 103 años después, la noche del 14 de noviembre del 2000, se dedica, en la soledad de su estudio, a elegir las diapositivas más logradas obtenidas
en Villa Sant´Agata para un reportaje que habría de titularse algo así como La ruta de Verdi.
Con su cuentahilos, a las dos de la madrugada, en la soledad de su estudio fotográfico, escudriñó atentamente las seis diapositivas que había obtenido de la estancia con el piano de Verdi. Eran exactas. Bueno, no tan exactas. Al llegar a la tercera, observa una mano sobre el teclado. ¿De dónde surgía aquella mano?, se preguntó inquieta. En la siguiente no había nada, absolutamente nada. Vuelve a examinar las anteriores.
Nada. Sólo el piano y el teclado incólume. De repente, descubre algo más en esa tercera diapositiva.
La mano pertenece a una figura humana que surge en pie, que sonríe, y se difumina en la pared. Parece tener gafas. En sus 20 años de oficio, Blanca Berlín no había sentido la inquietud que sintió aquella noche. No puede resistir la soledad de su casa ni del estudio. Llama a su ayudante y me llama a mí. Acudimos. No hacemos más que comprobar lo mismo. ¿Quién es esa figura fantasmal que aparece en la fotografía?. Ninguno de los dos creemos en fantasmas ni en apariciones. ¿Es una broma? Blanca no está
para bromas. ¿Una sobreimpresión? Es preciso acudir al laboratorio donde usualmente revelan todos sus trabajos para que desvelen el misterio, si realmente lo hay. En el laboratorio casi se ofenden por dudar de su profesionalidad. ¿Qué hacer en estos casos?.
Asumiendo el peligro de caer en lo ridículo, me puse en contacto con Cosetta Allegri, de la Oficina de Turismo de Busseto, y le conté lo que ocurría con ese fantasma, aparición o sobreimpresión. Se interesó de inmediato y nos pidió alguna copia. De paso, quizás, para animarnos, me contó el extraño fenómeno que vivió en el año 1999 el famoso director de orquesta Carlo Maria Giulini, en el Teatro Verdi de Busseto. Lo visitaba y tuvo la curiosidad de asomarse a unos de los palcos tan coquetos y entrañables
del teatro que Verdi no quiso pisar jamás. Intentó abrir la puerta, pero no lo conseguía. Alguien desde su inetrior lo impedía. Forcejearon. Más tarde se abrió, y un viento gélido remvió el ambiente. No había nadie..
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