|
LA DIPUTACION DE GRANADA (2ª PARTE)
Tras el cierre de los grandes almacenes en noviembre de 1980, el local pasó a manos de la Diputación en 1985, entidad que pensó en convertirlo en su sede administrativa. De esta forma, tras las obras de reconversión del edificio Wolworth para uso público, se inició la etapa más controvertida del lugar, en la cual numerosos testimonios
apuntaron a la existencia de fenómenos paranormales en las dependencias administrativas de la Diputación. También es ésta la etapa en la cual los medios de comunicación prestaron más atención al fenómeno. Los primeros hechos se produjeron en 1985, en la etapa de remodelación del edificio Wolworth. En un artículo de prensa publicado en el periódico "Ideal" a finales de noviembre de 1989 y firmado por Juan Jesús Hernández, el entonces vicepresidente de la Diputación, José Luis Medina,
admitía que los albañiles se quejaban frecuentemente de la desaparición de planos y herramientas, que aparecían después en los lugares más insospechados.
Mariano Carmona Almendros, uno de los primeros investigadores de temas paranormales de Granada, elaboró en su momento un informe sobre el edificio y todas las vicisitudes que el solar había tenido en su larga historia. De hecho, por ese tiempo, este investigador era dueño de una conocida librería situada en la misma calle Mesones, la única en la que se podían conseguir material relacionado con temas paracientíficos. En el citado informe se aseguraba, entre otras cosas, que dos personas que trabajaron en las obras,
un capataz y un vigilante jurado, se suicidaron durante el transcurso de los trabajos de remodelación del edificio Wolworth. Carmona añadía que ambos suicidas eligieron el mismo sistema: la horca. En 1986 trabajadores de esa sede administrativa coincidían en señalar que habían notado diversas circunstancias anormales, sensaciones en modo alguno achacables a jugarretas de la imaginación, pues se repetían insistentemente y en numerosas personas: misteriosos tocamientos, tirones de pelo, máquinas que funcionaban
solas, mesas que se caían sin que nadie las tocase, voces misteriosas que se hacían notar repentinamente..., todo ello durante el horario normal de oficina, es decir desde la mañana y hasta el mediodía.
Quienes se reincorporaban al trabajo constataban, con horror, que durante la noche distintos muebles habían variado de sitio, sin que nadie hubiera ordenado tales cambios. Especialmente inexplicable era la afirmación de diversos testigos sobre que unos grandes archivadores metálicos de gran peso cambiaran de lugar con total facilidad. Hubiera sido necesario para
ello modificar la disposición de todo el mobiliario para hacer posible el traslado. Tal estado de alteración provocó que muchos de los empleados forraran los cajones de sus mesas de trabajo con imágenes de santos y vírgenes , para protegerse de lo que ellos consideraban una presencia maligna que había dado pruebas más que suficientes de su existencia.
Sin embargo, al parecer, los fenómenos paranormales más claros y extraordinarios fueron notados sobre todo por el personal de vigilancia y mantenimiento y se produjeron durante la noche. Los vigilantes aseguraban escuchar frecuentemente puertas y cajones que se abrían y cerraban solos, máquinas de escribir tecleando en habitaciones donde no había nadie, ascensores que funcionaban sin que ninguna persona los llamara, y otras situaciones inexplicables en lugares donde no podía haber presencia humana.
En una ocasión, un vigilante llegó a contemplar un hecho verdaderamente insólito, increíble, vio cómo uno de los grandes archivadores metálicos pasaba por encima de su cabeza, como si una fuerza invisible pero potentísima lo manejara. El pesado archivador cambió de sitio como por ensalmo.
Este tipo de sucesos se repetía tan frecuentemente que, en más de una ocasión , la Policía tuvo que hacer acto de presencia en el edificio ante el pánico de los vigilantes. Vecinos del barrio aseguran haber visto policías nacionales salir una noche despavoridos a la calle, como si hubieran contemplado algún suceso espantoso, "la mismísima cara del diablo". Toda esta situación no pasaba de ser un rumor bastante fuerte entre los empleados de la Diputación y los vigilantes, puesto que en la época a la
que nos referimos aún no había transcendido nada a los medios de comunicación. Sin embargo el rumor se hizo ensordecedor, la alarma saltó y los responsables de la Diputación decidieron poner en manos de parapsicólogos el tema.
Así lo expresa en un artículo de prensa, firmado por él mismo, Juan Burgos Gavilán, quien realizó en el lugar de los hechos, junto al ya mencionado Mariano Carmona Almendros y otras personas, la famosa investigación a la que nos hemos referido anteriormente, sucedida del 21 al 23 de Diciembre de 1986.

Todo comenzó, segun Burgos, cuando Concepción Castilla, una de las funcionarias que trabajaban en el edificio, comentó la existencia de los fenómenos ya descritos. Castilla formaba parte de la desaparecida asociación de parasicología "Omega", cuya cabeza visible era el propio Burgos. Aunque este afirma que más que las declaraciones de Castilla las que verdaderamente despertaron su interés fueron las del jefe de mantenimiento del edificio, José María Moya, que le describió como estando de guardia
una noche en el edificio, se hallaba reclinado en un sofá de recepción pasada la medianoche, cuando observó una luz azul, una especie de rayo refulgente que flotaba frente a él. La luminosidad centelleaba como un castillo de fuegos artificiales. Un instante después recibió una fuerte sacudida en todo el cuerpo que lo conmocionó de tal modo que paralizó todos sus movimientos. Desfallecido sobre el sofá sintió la sensación de que alguien provisto de una gran fuerza e invisible a sus ojos, se había subido sobre
su pecho y presionaba con las rodillas tan fuertemente que le impedía respirar . Moya intentó entonces ponerse en pie pero la extraña fuerza lo mantuvo aplastado contra el sofá. El pánico le invadió, sin embargo, un instante después, con una fuerza sacada de la desesperación, emitió un fuerte grito, y la angustiosa sensación fue remitiendo de modo que finalmente, se encontró por fin libre de aquella extraña influencia. Burgos, a través de Castilla concerta una entrevista con el vicepresidente de la Diputación,
José Luis Medina, y solicita permiso para abrir una investigación que debería desarrollarse a lo largo de varias noches. Pocos días después de solicitarlo se le concede y además se le promete "una total colaboración" por parte de la Diputación. A la una de la madrugada del día 21 de Diciembre Burgos y su equipo visitan la Diputación donde además se encuentran el jefe de mantenimiento y uno de los vigilantes. Esa noche Burgos acompañado de un sensitivo y una medium inspeccionan la Diputación
en busca de fenómenos paranormales, así en la cristalera del tragaluz central observan la formación de extraños relámpagos así como pueden oír perfectamente lo que parecen quejidos y lamentos, Burgos afirma que intentaron encontrar en el exterior la explicación a esos sucesos , aunque fuera se encontraba la calle silenciosa y un tiempo despejado. Tras estos acontecimientos abandonan la Diputación y se dirigen al local del grupo Omega para preparar la investigación para el día siguiente.
Al día siguiente se les une Mariano Carmona Almendros, quien presentó a Omega un informe sobre el edificio con hechos como el accidente del coche fúnebre de caballos cerca de la antigua iglesia de la Magdalena. Burgos afirma también que pocas horas antes de que tuviera lugar la segunda sesión nocturna en edificio se sumó "inesperadamente" el arquitecto
jefe de las obras de remodelación y construcción del nuevo edificio de la Diputación, Antonio Rodríguez. Burgos asegura que el arquitecto les refirió un suceso extraordinario que se produjo durante las obras al abrir un muro. Según palabras de este contó "que aparecieron varios esqueletos de niños recién nacidos junto a los de un adulto ; y lo curioso es que antes de introducir los taladros yo advertí que había ladrillos que no pertenecían a la construcción original. Los originales habían sido sustituidos
por otros, que , a mi parecer, databan de promeros de siglo". A este respecto ya hemos hecho referencia al artículo de prensa en el que se daba cuenta de un hecho parecido, que sucedió unos diez años antes, cuando fue derribada la vieja iglesia de la Magdalena. Para ahondar más en este punto, se puede re-cordar otro artículo publicado poco antes del anterior, también en el diario Ideal, fechado el 10 de di-ciembre de 1989 y firmado por el mismo periodista, Juan Enrique Gómez. En el se llegó a afirmar que
los restos humanos hallados detrás del muro durante las obras de construcción del edificio Wolworth, (y no de las de reacondicionarniento del edificio de la Diputación) pertenecían a niñas que, posiblemente fueron emparedadas en el muro. Sin especificar si esos restos eran de bebés o de niñas de más edad, el periodista añadía que algunos de esos restos fueron trasladados a laboratorios e incluso llegaba a afirmar que varios operarios se llevaron parte del macabro descubrimiento. Surgen varias incógnitas a este
respecto: ¿De qué naturaleza eran exactamente dichos restos? ¿Son diferentes ambos descubrimientos o cabe la posibilidad de que en realidad el hallazgo fuera sólo uno? Y en ese caso, ¿por qué se confunden ambos? La pregunta no parece tener respuestas dado el secretismo que rodea a todo este tema. Para buscar una respuesta, sería necesario acceder a informes relativos a ambas obras. En el primer caso tal pretensión parece imposible, dado que han pasado más de veinticinco años y que la potestad para conceder
ese permiso es de una empresa multinacional que se evaporó de España poco después de la llegada de la Democracia. En el segundo caso, la pretensión de obtener un informe sobre este tema por parte de la Diputación puede ser considerada poco menos que una cuestión de orden público. En efecto, la Corporación Provincial se cerró a toda posibilidad de colaborar con cualquier persona interesada en el tema a partir de la investigación emprendida por Juan Burgos, Mariano Carmona y el grupo Omega.
Pero, no nos desviemos del relato de los hechos, siguiendo principalmente la versión de Juan Burgos. Tras la reunión a la que asistió el arquitecto jefe, llego la noche y el momento de continuar las investigaciones. Como hemos señalado entre los investigadores figuraba ya Mariano Carmona Almendros. Este se prestó a permanecer durante dos horas en solitario en el sótano de la Diputación, para realizar "una experiencia necesaria para la investigación", según Juan Burgos, que no específica de qué naturaleza
era tal experiencia, aunque posiblemente se trataba de realizar psicofonías. Al tiempo que Carmona Almendros permanecía en el sótano, Burgos esperaba en la abertura del muro, exactamente en el lugar donde se encontraron los "restos humanos", de lo que se deduce que la obra había quedado inacabada aunque el edificio estuviera ya en uso desde hacia tiempo. Quedémonos con este detalle, sobre el que volveremos más adelante.
Mientras tanto, otro investigador se situó en la zona donde había plantas y que quedaba bajo en tragaluz principal del edificio. El resto del grupo permanecía a la espera del final de la investigación en el salón de actos, a donde fue conducido por ser ésta una sala insonorizada y con el fin de que no fuera posible perturbación alguna a causa de circunstancias o presencias ajenas a la investigación. Al parecer, en esos momentos algunos de los presentes en el salón de actos practicaban la qui-ja, no se sabe bien
si para combatir el aburrimiento o como forma de apelar a fuerzas sobrenaturales, motivo por el que se encontraban allí reunidos.
Durante este tiempo se produciría un incidente que es relatado por Juan Rodríguez Galindo, conocido médico que era otro de los socios fundadores del grupo "Omega". Galindo recuerda que sucedió en dependencias de la primera planta, pasadas unas horas de tensa espera, tras las cuales nada parecía indicar que fuera a sacarse algo en claro de la investigación, el hastío hizo perder los nervios a una de los presentes, la propia mujer de Galindo, Margarita de San Pío. La impaciencia la hizo gritar de forma
airada frases altisonantes, tanto que el resto del grupo la recriminó por esa actitud. Pero, según comenta Galindo, lo más sorprendente ocurrió a continuación. "Vimos repentinamente que una funda de cuero para un paquete de tabaco que había sobre la mesa donde estábamos apoyados se elevó por los aires y fue a parar al rostro de Margarita. Evidentemente no le hizo ningún daño pero el susto fue tremendo. Este testimonio contrasta con el de Carmelo Pérez, que asegura haber estado también presente en la investigación
y haber sido él la persona víctima del impacto. Pérez recuerda haber recibido el golpe en la cara en un descuido. No tiene claro el origen de tal suceso, aunque sospecha que no era ni mucho menos un espíritu. A este respecto, Galindo niega que Carmelo Pérez estuviera presente en ese momento y duda mucho, aunque no lo asegura con rotundidad, que interviniera tan siquiera en la investigación. Mientras tanto continuaba la investigación. Tras unas horas en las que fueron tornados datos con aparatos especializados,
fotografías con película infrarroja y registros sonoros, según Burgos, los investigadores se reunieron con el resto de los presentes en el edificio y decidieron poner fin a la jornada. Esta segunda sesión dio como resultado mediciones alentadoras, alteraciones y fluctuaciones electromagnéticas fuera de lo normal, que dejaban abierta la posibilidad de un fenómeno paracíentifíco, aunque se consideraba que aún no se disponía de pruebas definitivas.La investigación habría de esperar a la víspera del día de Nochebuena
para llegar a su más sorprendente resultado.
LA TERCERA SESION.
En una reunión previa en la sede de Omega se determinó quiénes participarían en la tercera sesión nocturna. Entre ellos no figuraba Mariano Carmona Almendros, lo cual parece cuando menos chocante, dado el cierto protagonismo que se atribuye a este investigador en la sesión de la noche anterior. Una vez ya en el edificio de la calle Mesones, fueron dispuestos aparatos técnicos en las dependencias donde supuestamente se habían detectado
fenómenos extraordinarios.
Apelemos ahora al testimonio de otra de las personas que participaron en esta tercera jornada: Manuel Alcalá, cuyas palabras nos serán muy útiles para contrastar la versión de Juan Burgos. Alcalá recuer-da que dos personas permanecían en cada una de las plantas del edificio, junto a las grabadoras. Alcalá y otro joven investigador fueron encargados de vigilar la tercera. Durante el tiempo de espera, Manuel Alcalá recuerda haber sido testigo de dos fenómenos sorprendentes. "Mientras esperábamos pudimos ver
con toda claridad una serie de reflejos, de destellos muy llamativos, como si alguien estuviera haciendo efectos especiales. Eran como haces de luz de distintos colores, que se movían lentamente en una dirección inconcreta. Se podían ver esas luces en diferentes lugares. Pudimos verlas Juan Burgos, otros testigos y yo mismo", cuenta Alcalá. Por ejemplo, Juan Rodríguez Galindo, quien afirma haber visto "luminiscencias muy extrañas" aquella noche, aunque en otra planta.
Pasaron dos horas, las que van de la una y cuarto a las tres y cuarto de la madrugada, antes de que los aparatos fueran desconectados y precintados. En ese espacio de tiempo se iba producir el segundo fenómeno inexplicable descrito por Alcalá. Una vez que quedaron solos los dos encargados de la planta tercera, se produciría otra aparición que iba a tener como escenario una de las habitaciones anexas al lugar donde se estaba realizando la grabación, concretamente el despacho del presidente, según Manuel Alcalá."En
un momento dado nos pareció ver una cierta figura paseándose por esa habitación. No se le apreciaban contornos bien definidos, parecía tener rostro e incluso llevar un sombrero, pero tampoco puedo asegurar que fuera así. Lo que si recuerdo es que era bastante oscura". Alcalá recuerda que pudo observar a la misteriosa figura a unos diez o doce metros de distancia, a través del umbral de la puerta, y durante un espacio de un minuto y medio, aproximadamente.
Mientras esto sucedía, Juan Burgos comenzó a realizar lecturas de fluctuaciones magnéticas con el medidor de campo en la abertura del muro donde supuestamente se hallaron los restos humanos. Aunque no especifica el lugar exacto donde se encontraba el muro, con toda lógica debía situarse en el sótano, es decir, en la única zona en la que podía haberse conservado alguna parte de la vieja iglesia. Según las propias palabras del investigador, "ya varios metros antes de llegar al lugar, el medidor empezó a detectar
alteraciones. Se disparó la señal acústica y el indicador magnético enloqueció". A menos de dos metros del muro algo impresionante sucedió: un inesperado arco voltáico salió de la pared, impactando contra el medidor de tal forma que lo arrancó de mis manos. No sé aún si por el sobresalto que experimenté yo o por la acción del propio rayo, el aparato cayó al suelo quedando aparentemente roto.
Tras caer el aparato, que finalmente no sufrió daños, algunos de los presentes en la investigación huyeron del lugar, de modo que, según Juan Burgos, sólo quedaron cinco investigadores. Pero, esto sólo era el preámbulo a otro hecho, mucho más impresionante sucedido unos segundos más tarde, según siempre la versión de Juan Burgos.
Retomemos de nuevo el relato en palabras de este investigador. "Recobrado el aliento y la serenidad, intenté proseguir la medición cuando un dolor agudo, en el ángulo que forman los dedos índice y pulgar, me obligó a soltar el aparato que esta vez sí, quedó roto en el suelo. Miraba asombrado las señales punzantes que habían quedado en mi mano, cuando algo más increíble sucedió... De la abertura del muro salía un chorro de espeso humo, como si algo se estuviera quemando dentro. El humo se fue levantando formando
una fumarola, una columna compacta, un monolito. En la parte superior de la columna se fue configurando una especie de rostro esculpido en piedra que miraba hacia nosotros". La visión permaneció durante unos diez segundos, hasta que se fue diluyendo, tiempo más que suficiente, según Burgos, para que su memoria pudiera guardar la imagen. Como hemos dicho anteriormente, Manuel Alcalá vivía su particular experiencia con una "figura" indefinida, en la tercera planta, más o menos a la misma hora en
la que Burgos vio el "monolito" en el sótano. Alcalá asegura que cuando bajó pudo constatar que la mayoría de las numerosas personas presentes aquel día en la investigación había iniciado la desbandada a raíz de lo sucedido en el sótano. "Yo mismo pude ver la herida en su mano. Era como un mordisco y desapareció en pocos minutos", asegura Alcalá. Juan Rodríguez Galindo afirma haber visto también la herida, que describe como una mordida alargada. Sin embargo, ninguno de los dos secunda a Burgos
en lo que respecta al supuesto monolito. Por ejemplo, Manolo Alcalá no recuerda que en el sótano Burgos comentara en esos momentos nada de este tema.
Juan Rodríguez Galindo no recuerda con exactitud que en el sótano hubiera ocurrido algo más que el suceso del mordisco. Sin embargo, Gajindo asegura, como hemos dicho más arriba, que aquella noche vio una luminiscencia de origen desconocido. Así lo relata. "Estábamos en una de las plantas superiores, no recuerdo exactamente cuál, conmigo estaba Pilar Perry (otra de las componentes del grupo Omega). Permanecíamos en silencio cuando, de repente, surgió del suelo un fogonazo blanco que se elevó a una altura
aproximada de un metro. No se puede decir que fuera un fantasma, al menos yo no lo aseguraría así, pues lo vi claramente, a unos tres metros de distancia. Parecía más bien un ectoplasma."
Al mismo tiempo, ninguno de estos dos testigos, ni Alcalá ni Galindo, recuerda que en el edificio hubiera ningún muro descubierto, mucho menos en el sótano, lo que, de confírmarse, derribaría la tesis de que el supuesto fantasma partió del muro. Pero, continuemos con lo sucedido la madrugada del 23 de diciembre. Al amanecer de ese día, una vez los investigadores llegaron a la asociación Omega, el material obtenido fue desprecintado. Juan Burgos asegura en este punto que tras analizar una cinta de carrete abierto
pudo escucharse en ese momento una voz llena de angustia y rencor que decía, más o menos, según versión de Burgos:
Aunque si se escucha parece decir en vez de "en la primera" algo más parecido a "tengo lengua"...La grabación recogía esta frase en una frecuencia plana, en principio imposible de imitar por la voz humana. Todo parecía indicar que había sido captada una psicofonía auténtica, la prueba de que, efectivamente, algo extraordinario se enseñoreaba del edificio de la Diputación. Pero, ¿qué o quién lo provocaba? ¿Qué significaba
aquella frase críptica, incomprensible? Evidentemente, la traducción' de Omega es una versión de lo que la misteriosa voz pudo expresar. Resulta difícil, por no decir prácticamente imposible, saber cuáles son las palabras exactas recogidas en la grabación. Sin embargo, una vez escuchada reiteradas veces, tenemos nuestra interpretación de esta psicofonía, que es la siguiente:
Vosotros, los de la ventanilla, en Viñalar (o Villalar),
en la lengua os arrepentiréis.
Según Burgos, el jefe de mantenimiento del edi-ficio, José María Moya, estuvo presente en el momento de desprecintar el material obtenido en la madrugada del último día de investigación. Cuando fue escuchada la grabación Juan Burgos comunicó a Medina su intención de proseguir las pesquisas "ahora más que nunca, una vez pasadas las fiestas navideñas". Sin embargo, tales investigaciones no pudieron ser continuadas.
El vicepresidente de la Corporación Provincial en ese tiempo, José Luis Medina, se encargó de pedir al grupo Omega total discreción respecto a los resultados de las tres jornadas que tuvieron lugar en el edificio de la Diputación de la calle Mesones, a lo que Juan Burgos y sus colaboradores accedieron. Las mismas personas que dieron la orden de inicio de las investigaciones se encargaron de procurar que nada de lo sucedido tuviera trascendencia pública.
Dicha pretensión se revelaría imposible, dado que el documento sonoro fue a parar a manos de Jiménez del Oso algún tiempo más tarde, de manos de Mariano Carmona Almendros y constituyó el principal reclamo para dar a conocer el caso en toda España e incluso en otros países. Hay que recordar que este especialista dirigía la revista "Más allá", en cuyo primer número fue difundida la grabación. Tenemos que puntualizar que, al contrario de lo que se llegó a decir en la prensa granadina, Jiménez del
Oso no participó nunca en la investigación.
|